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Patrimonio mundial natural

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Patrimonio mundial natural

Julia Carabias Lillo  ||  Reforma  ||  3 de agosto 2013

Afortunadamente, el pasado 29 de julio, las áreas naturales protegidas (ANP) fueron nuevamente, y después de muchos años, las protagonistas del evento presidencial en Los Pinos. En esta ocasión, la celebración se debió a que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) entregó a México el Certificado de Patrimonio Mundial para la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar.

Ingresar a la Lista del Patrimonio Mundial no es tarea fácil. Implicó la ardua labor de gestión de muchas personas durante años. Esta Reserva, ubicada en el estado de Sonora, contiene el desierto más biodiverso de la Tierra, con especies únicas en el mundo, humedales de gran importancia ecológica, más de 400 volcanes extintos y la mayor congregación de cráteres del planeta. Se trata de un área de una belleza excepcional, que en sus relieves plasma páginas únicas de la historia geológica de la Tierra.

Con esta nueva inscripción, suman cinco los sitios naturales reconocidos como Patrimonio Mundial, los otros son: la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, el Santuario de Ballenas de El Vizcaíno, Islas y Áreas Protegidas del Golfo de California y la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca. Como bien dijo la representante de la Unesco, Nuria Sanz, en su sobresaliente participación "bienes que son de todos… y donde los territorios políticos de soberanía no limitan la responsabilidad universal de su protección".

Formar parte de los sitios naturales de la Lista del Patrimonio Mundial es un importante reconocimiento internacional a la riqueza biológica y ecológica de nuestro país, así como a las políticas nacionales de conservación, pero también representa una gran responsabilidad, puesto que, por su unicidad, por ser bienes irreemplazables en el ámbito tanto global como local y por su valor universal excepcional, el país adquiere el compromiso de proteger estos sitios de las amenazas que los asedian. La degradación o destrucción de estos bienes, considera la Unesco, constituye un empobrecimiento del patrimonio de todos los pueblos del mundo.

Los cinco sitios considerados Patrimonio Mundial son sólo un botón de muestra de la enorme riqueza natural de nuestro país. México cuenta con 176 áreas naturales protegidas que ocupan una superficie de más de 25 millones de hectáreas, entre marinas y terrestres. Estos espacios naturales albergan a la mayor parte de las más variadas expresiones de vida que se establecen en el territorio mexicano. Las ANP, al proteger a los ecosistemas naturales, permiten que los procesos evolutivos de la vida continúen, procesos que los humanos no tenemos derecho a intervenir y menos a interrumpir; por ello, dentro de las ANP existen zonas intangibles.

Hay que subrayar que, además, son esencialmente espacios naturales absolutamente indispensables para un desarrollo sano de la nación, pues en estos territorios, casi los últimos que quedan en estado natural en el país, es en donde se llevan a cabo las funciones vitales que permiten la existencia de vida, incluyendo, por supuesto, la humana: purifican oxígeno; regulan el ciclo hidrológico y climático; amortiguan los desastres naturales; proporcionan nutrientes que enriquecen los suelos y, a través de los flujos de agua, alimentan arroyos, ríos, manglares e incluso al mar, lo cual es esencial para la producción de alimentos mediante la pesca y la agricultura, entre muchas otras funciones que el público en general no alcanza a percibir, pero, lamentablemente, tampoco muchos tomadores de decisiones.

En regiones donde las ANP se establecen, éstas pueden convertirse en verdaderos espacios detonadores del desarrollo regional sustentable y constituir los sitios de mejor calidad de vida para los legítimos dueños de las mismas. Para lograr estos propósitos se requiere alinear las políticas públicas de las diferentes instituciones y eliminar las presiones brutales que se ejercen sobre ellas como es el caso de la minería, del turismo masivo o de las invasiones. Bajo los lineamientos de planeación establecidos en el programa de manejo de cada una, deben implementarse procesos sustentables adecuados que permitan la compatibilidad entre la conservación y el bienestar de sus habitantes y con ello, cumplir con los objetivos para los que fueron creadas las ANP.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas es la institución encargada de la gestión de territorios estratégicos que la nación ha decidido conservar y tiene, desde su creación en 2000, responsabilidades crecientes año con año y situaciones cada vez más álgidas que atender. Sin embargo, los recursos económicos y humanos con los que cuenta no se incrementan, ni en tiempo ni en cantidad, a la velocidad de la demanda y de los retos a enfrentar. Es indispensable fortalecerla con personal calificado y profesional, así como retener a su personal formado y con gran experiencia, mejorando sus ingresos que se han quedado rezagados y que no corresponden a las responsabilidades que tienen. No se deben escatimar esfuerzos para la custodia del patrimonio natural mexicano.

Fuente: Hemeroteca

 

 

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