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La puerta al mar
Rafael Robles de Benito - 2026-10-06
Reconocer cuando algo se ha hecho bien no suspende ni contradice la crítica: es, por el contrario, parte integral de ella. Invalidar de manera general las cosas que se hacen no hace sino mostrar que padecemos la enfermedad de la certeza. Deja de ser escepticismo para convertirse en ceguera selectiva. Hace que solamente podamos dar por cierto aquello que resulta acorde con nuestros juicios. Digo esto para que quede claro el hecho de que considero positivo el trabajo que han hecho la Semarnat, CeIBA, A. C. y Cemda, A. C. para formular una nueva ley ambiental. Esto no me ciega ante los graves problemas ambientales que enfrenta el país, provocados por decisiones inapropiadas tanto del sector privado, como del gobierno. Este es el caso del megaproyecto turístico denominado Puerta al Mar, que se ha venido ejecutando desde 2023 en terrenos que se encuentran dentro del polígono de la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, en el estado de Quintana Roo.
Se trata de un proyecto que ha reclutado la participación del ejército mexicano, contribuyendo así a transformar las fuerzas armadas en una extraña mezcla de ingenieros dedicados a la construcción de obra pública, prestadores de servicios turísticos y evasores de la legalidad ambiental amparados bajo el dudoso palio de la “seguridad nacional”. El camino que han construido para llegar al sitio seleccionado para construir el proyecto conduce de Felipe Carrillo Puerto a Vigía Chico, atravesando la reserva de la biosfera poniente a oriente, a lo largo de 54.6 kilómetros. Se comenzó a hacer antes de formular un manifiesto de impacto ambiental y sin contar con un análisis de viabilidad. Una vez más, las cosas se hacen con la idea de que más vale pedir perdón que pedir permiso y pasando por encima de cualquier instrumento de planeación y gestión para un área protegida de importancia nacional y mundial. No solamente el prestigio de Sian Ka’an, sino su viabilidad como sitio destinado a la conservación de los ecosistemas quintanarroenses, parte integral de la gran selva maya, se han visto comprometidas por la arrogancia de organizaciones gubernamentales que se asumen autorizadas para pasar por encima de lo que el propio estado mexicano ha considerado como prioritario.
La ejecución irregular del proyecto contribuye a justificar el escepticismo y el enojo de quienes ven en los esfuerzos por formular una nueva ley marco para regular las relaciones de la sociedad mexicana con el ambiente un vano esfuerzo por poner orden en una manera atropellada para transformar el territorio nacional en aras de un desarrollo vagamente sustentado y claramente insustentable. La voracidad que caracteriza al sector de la industria turística en Quintana Roo hace que esperemos que eventos como este se sigan repitiendo en tanto los inversionistas consideren que puede exprimirse otro huevo de oro a la proverbial gallina. Lo que hace que esto resulte preocupante es que el gobierno federal –lo mismo que el estatal y los municipales– parece más dispuesto a respaldar estos modelos de crecimiento del negocio, que desprecian o postergan cualquier consideración acerca de los efectos que puedan ejercer sobre el entorno, que a hacer que se plieguen sí o sí a las condiciones, procedimientos y restricciones que marca la ley. Esta complicidad llega hoy al extremo de hacer que las fuerzas armadas se constituyan en batallones de trabajadores camineros y justifiquen obviar las exigencias de ley y el ocultamiento de información acerca de las obras emprendidas tras la espesa humareda de la seguridad nacional.
Esto no invalida el esfuerzo que ha hecho la Semarnat para formular una ley marco en materia de medio ambiente. Pero lo que sí ha resultado un tanto frustrante –y se explica solamente si se considera a los legisladores mexicanos como indiferentes ante la problemática ambiental y desconocedores de sus entresijos– es la negativa del congreso a someter el proceso legislativo a un ejercicio cabal de parlamento abierto. El simple hecho de hacer como que se escuchan las voces de quienes critican u objetan un proyecto de ley (y digo deliberadamente eso de “hacer como que se escuchan” porque a las sesiones de “audiencia pública” asistieron muy pocos diputados) no equivale a legislar con la ciudadanía. Parece que se asume que haber sido elegido por un sector de la sociedad para legislar en su nombre autoriza a quienes ocupan las curules a promover leyes que respondan a intereses sectoriales o partidarios, sin hacer caso de las demandas del resto de la sociedad. No puede seguir siendo así.
Fuente: https://www.lajornadamaya.mx/opinion/269161/la-puerta-al-mar-reserva-de-la-biosfera-sian-kaan-quintana-roo
Temas principal: Desarrollo, economía y sociedad