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Impacto económico y social del cambio climático
Enrique Provencio Durazo - 2026-04-03
El cambio climático ya tiene un precio medible en la economía mundial. Entre pérdidas de PIB, desigualdades crecientes y riesgos productivos, el costo de no actuar será mucho mayor que el de transformar el modelo energético.
El impacto económico y social global de la variabilidad climática está documentado en la investigación, sea por estimaciones agregadas o por estudios de sectores específicos, regiones y países. El consenso es claro: el cambio climático está teniendo consecuencias que afectan negativamente al desarrollo y serán más adversas si no se realizan los esfuerzos necesarios para que la temperatura media mundial no rebase 1.5 °C en comparación con los niveles preindustriales.
El tema no es neutral ni solamente técnico. En 2025 un informe comisionado por el Departamento de Energía del gobierno de Estados Unidos sostuvo, entre muchos otros puntos discutibles o francamente erróneos, que los beneficios del carbono superan a sus costos, que el comportamiento macroeconómico no se ha visto alterado significativamente por el cambio climático y que este no perjudica el bienestar. Aunque un reporte de investigadores demostró que el informe del Departamento de Energía falseaba o distorsionaba el conocimiento o la información disponible, fue utilizado por las autoridades estadounidenses para dar marcha atrás con las medidas de control y reducción de emisiones.
El presidente Donald Trump fue más allá de la negación climática y en la Asamblea General de la ONU —el 23 de septiembre de 2025— sostuvo que son las políticas de mitigación las que están provocando problemas, aumentando la emigración y causando ruina; además, dijo que las energías renovables están conduciendo a la destrucción económica, especialmente en Europa. A esa postura se están adhiriendo otros países que restan apoyo a los esfuerzos por acelerar la transición energética. Al apostar por una matriz energética que siga centrada en el gas, el petróleo y el carbón, lo que hacen es mantener al alza las emisiones de CO2 equivalente y, con ello, se elevan los riesgos crecientes de daños humanos por el cambio climático.
El daño actual del cambio climático equivale a entre 1.7 % y 8 % del PIB global. |
Hay incertidumbre sobre la intensidad que en el futuro podrían alcanzar los efectos sobre la producción, los ingresos, la pobreza, el empleo, la inversión, el riesgo financiero y otros aspectos, no porque se dude que ya ocurran y estén al alza, sino porque dependerán de lo que se haga para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y del esfuerzo de adaptación. Los cálculos, además, están influidos por los métodos, modelos y supuestos que se utilizan. Simplificando, las evaluaciones de daño dependen del escenario de emisiones y la ruta de políticas que se decida. |
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima, por ejemplo, que si la transición energética se mantuviera como hasta ahora, la temperatura media global alcanzaría 2.5 °C sobre el nivel preindustrial para 2100. Bajo una curva media de daños, ese cambio podría significar hacia fines del siglo una pérdida de nueve puntos porcentuales (pp) del producto interno bruto (PIB) mundial, partiendo del daño de 1.7 pp de la actualidad.(1) Bajo una curva alta de daños, hacia el 2100 los impactos podrían estar alcanzando el equivalente a 35 pp del PIB global, también bajo el supuesto clave de que la transición energética no se acelere, partiendo de 8 pp en 2026,
En cambio, si la transformación de la matriz energética se apresura y para mediados del siglo casi se alcanza el cero neto de emisiones, el daño económico hacia fines del siglo podría limitarse a cerca de 3.4 pp del PIB global. Las variantes estimadas, según las combinaciones de escenarios que se tomen, llevan a una conclusión: los daños podrán minimizarse mientras más pronto se llegue al pico máximo de emisiones y se alcance más temprano el nivel de cero neto, para lo cual se debe acelerar la producción de energía con fuentes renovables.
En cualquiera de los escenarios que se adopten, esos impactos varían mucho entre regiones y países. El daño es general, pero distribuido con grandes asimetrías. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) ilustra que los daños son mayores donde es más alta la vulnerabilidad y hay más exposición a los peligros, por ejemplo, en la mayor parte de África, Asia y América Latina y el Caribe.(2) Al interior de los países ocurre lo mismo: más riesgos en las zonas de menor desarrollo. Esto significa que el cambio climático puede agravar las desigualdades socioeconómicas existentes y contribuir a perpetuar brechas de desarrollo, ya que los más afectados pueden dedicar menos recursos a la eficiencia energética y a la transición a las renovables. Además, no tienen forma de invertir lo necesario en la aplicación de programas de adaptación ante las pérdidas, en la producción, la infraestructura, la salud y otras áreas en las que ya están ocurriendo los efectos.
Los agregados calculados como puntos porcentuales del PIB pueden decir poco o transmitir la impresión de que son bajos o poco apreciables. ¿Qué tanto significa un daño actual del cambio climático de entre 1.7 y 8 % del PIB global, como lo estima la OCDE? Puesto en valores monetarios, esto equivale a entre dos y diez billones de dólares corrientes. Son cantidades enormes, incluso en el escenario bajo, que se restan a las inversiones productivas, a los gastos en servicios sociales o de protección ambiental, a la educación y la investigación científica, y, lo más importante, a mitigar las emisiones acelerando la transición energética y a prepararse para una época de mayores daños, con estrategias efectivas de adaptación.
Sin acelerar la transición energética, las pérdidas podrían alcanzar 35 % del PIB mundial hacia 2100. |
Hay una aparente trampa entre el sufrimiento de más daños y la necesidad de realizar inversiones adicionales, pero no se trata de una suma cero. En lo inmediato, la mitigación supone esfuerzos, porque hay que financiar la innovación de las nuevas fuentes de energía, los sistemas más eficientes de transporte y los gastos en muchas áreas más, aunque en la mayoría de los casos se trata de campos en los que se están reduciendo los costos gracias al cambio tecnológico y la masificación del consumo de las renovables. Al mismo tiempo, la prevención de los daños ambientales ofrece beneficios inmediatos para el bienestar, y también se traduce en estímulos para la expansión económica potencial del futuro, gracias al cambio estructural que supone la innovación. |
En otras palabras, lejos de ser una trampa para el desarrollo, la transición climática apunta como potencialidad para la expansión de capacidades productivas de mejor calidad ambiental. De hecho, eso ya está ocurriendo en los países y sectores que se están colocando a la cabeza de la producción de bienes y servicios vinculados a la movilidad con eficiencia energética, tanto en autos como en transporte colectivo, en la producción de alimentos, el turismo amigable con la naturaleza, el urbanismo adaptativo y muchas actividades más, que se perfilan como opciones económica y ambientalmente viables. Estas nuevas industrias o servicios no han surgido por casualidad, sino gracias a estrategias que estimulan una transición compatible con la reducción de emisiones y que también generan empleos y soluciones que mejoran la calidad de vida.
Estos y otros beneficios, incluso, podrían empezar a ser cada vez mayores a partir de la próxima década y después de mediados del siglo; el efecto neto de los daños evitados en comparación con los costos de la mitigación sería claramente positivo.(3) Las pérdidas futuras de desarrollo serán menores o se convertirán en beneficios si se trabaja con visiones de largo alcance, que atiendan las señales de alerta que están bien documentadas.
No se está hablando de consecuencias hipotéticas, sino de alteraciones que ya suceden e incluso que ocurrieron previamente. Francisco Estrada y sus coautores han estimado que durante el siglo XX se experimentaron impactos negativos sobre la economía, debido a la variabilidad climática provocada por la actividad humana.(4) En la medida en que se aceleran las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero por las mayores emisiones, los impactos son crecientes y solo con una mitigación orientada a cumplir con el Acuerdo de París será posible atenuar el daño económico o social o, incluso, convertirlo en un beneficio potencial futuro.
Las repercusiones de la variabilidad climática magnifican o se suman a otros daños derivados de las actividades productivas o de servicios. El agotamiento o la degradación de los ecosistemas provocada con la contaminación atmosférica, la sobreexplotación del agua y las pérdidas de suelo y bosques, suponen un alto costo económico y afectaciones al bienestar. En México, por ejemplo, representan más de cuatro puntos porcentuales del PIB, unas cuatro veces más de lo que se invierte en protección ambiental por el sector público y el privado.
La transición climática también abre nuevas industrias y oportunidades económicas. |
Identificar y reconocer estos y otros hechos es relevante para saber mejor cuánto y en qué debemos gastar para prevenir las pérdidas actuales y futuras. Durante décadas se han buscado mecanismos de financiamiento para la mitigación y la adaptación al cambio climático, con resultados muy limitados. El Acuerdo de París compromete a los países desarrollados a proporcionar fondos para sistemas de alerta temprana, la preparación ante emergencias y desastres, los fenómenos de lenta evolución, la gestión integral de riesgos, las pérdidas no económicas y el aumento de la resiliencia de las comunidades, entre otros fines. |
A partir de 2016 se intentó que los flujos alcanzaran al menos 100 000 millones de dólares anuales. Los resultados han sido frustrantes, pues los recursos movilizados no llegan ni a una veinteava parte de lo que ahora se estima que representan las repercusiones económicas de la variabilidad climática, y eso en el rango bajo de las estimaciones. En realidad, para enfrentar la transición energética, la mitigación, la adaptación y los daños, en lo fundamental cada país depende de lo que puede invertir, en un entorno en el que hay bajas disponibilidades efectivas de inversión. El costo actual de la inacción, sin embargo, conduce a mayores pérdidas futuras que condicionan y limitan el desarrollo.
Hay un alto costo del cambio climático para el desarrollo que seguirá al alza si no se cumple la meta principal del Acuerdo de París, pero no se trata de un futuro escrito, inevitable. Las rutas de transformación hacia un desarrollo viable admiten muchas combinaciones posibles de crecimiento económico, distribución, inversión, innovación y transición energética, pero todas suponen que los gases de efecto invernadero se abatan en las próximas tres décadas hasta llegar al cero neto de emisiones, y que se emprenda una estrategia de adaptación para enfrentar las repercusiones adversas del cambio climático en las actividades productivas, la infraestructura, las ciudades y la salud humana.
Se discute intensamente si esa transición hacia el cero neto de emisiones es compatible con el crecimiento, pues tradicionalmente este ha estado acompañado de volúmenes crecientes de combustibles fósiles y de una demanda imparable de recursos naturales y materias primas. El crecimiento ya está desacelerado, sin embargo, y todo apunta a que sus tasas de crecimiento sean cada vez más bajas. Lo que deberá cambiar es el tipo y la calidad de la expansión económica para hacerla más limpia y basada en energías renovables.
A pesar del acelerado crecimiento de las energías renovables, el gas, el petróleo y el carbón seguirán dominando la matriz energética si no se acelera la introducción de las nuevas fuentes que ya han probado con creces su viabilidad técnica y financiera, manteniendo las fósiles como complemento para la intermitencia y las actividades más intensivas en energía. Si esto no ocurre o se sigue retrasando, se pagará un alto costo social y económico por los impactos de la variabilidad climática. Este riesgo será peor si continúa el debilitamiento de los espacios multilaterales en los que se dirimen las negociaciones sobre los bienes ambientales comunes y globales, y si se generalizan las políticas climáticas neonegacionistas, como las que ahora está aplicando Estados Unidos.
* Investigador y coordinador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM.
Referencias
(1) Las estimaciones pueden operarse, con distintos escenarios, regiones o países, en: OECD. 2100 Vision: Integrated Global Outlook with 6 Climate Integration Scenarios. https://www.oecd.org/en/topics/sub-issues/economic-outlook/long-run-economic-scenarios-2025-update.html
(2) IPCC. Sixth assessment Report. Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and Vulnerability. Full Report. 8. Poverty, Livelihoods and Sustainable Development. https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/
(3) Las estimaciones del impacto neto futuro pueden verse en la sección de Daños climáticos evitados, en: OECD. 2100 Vision… op. cit.
(4) Estrada, F. et al. (2017). Global Economic Impacts of Climate Variability and Change During the 20th Century. PLoS ONE 12(2): e0172201.
https://doi.org/10.1371/journal.pone.0172201
Fuente: https://revistaeldiluvio.com/impacto-economico-y-social-del-cambio-climatico/
Temas principal: Desarrollo, economía y sociedad