Contenido

 


El deterioro de la confianza


Enrique Provencio Durazo - 2026-06-01

Entre 2023 y 2025 la población mexicana registró algo muy significativo: una baja de la confianza en instituciones y sectores de todo tipo. Fue algo de alcance generalizado, que tocó a todos los ámbitos en los que se lleva registro, desde los gobiernos al empresariado y de las cámaras legislativas a los juzgados, e incluso a los círculos familiares, de vecinos y compañeros de trabajo.

Este cambio, identificado en la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) de 2025, que levanta cada dos años el INEGI y fue dada a conocer a fines del pasado mes de mayo, es un hecho por demás relevante, que merece la mayor atención. No es solo un retrato de la circunstancia anímica nacional, por cierto muy diferenciada por regiones y estados, sino una expresión de condiciones estructurales que no logramos superar, que siguen arraigadas y que, en algunos casos, incluso se agravan.

El cuadro que acompaña a este texto contiene como ejemplo lo ocurrido con el caso de los gobiernos, y cubre el periodo a partir de 2017. La pérdida de 2023 a 2025 afectó a los tres órdenes, pero fue más clara en el federal, con una baja contundente, que dejó el nivel de confianza por debajo de 2019. Lo mismo ocurrió con estados y municipios. Sucedió en un periodo en el que también otras manifestaciones medidas de la confianza se estaban deteriorando, como la de consumidores y empresarios.

El fondo , sin embargo, no se puede atribuir al deterioro de la economía que se registraba ya en 2025. Para la mayor parte de la población, y sobre todo la de bajos ingresos, el salario seguía mejorando, y los programas gubernamentales de transferencias monetarias directas seguían creciendo, así que algo más estaba contribuyendo a la pérdida de la confianza.

En ese bienio 2023-2025 también ocurrió que la población registró un deterioro en la calidad de los servicios públicos y bajo demanda, que reflejan directamente los problemas enfrentados en la vida cotidiana, como comenté aquí en México Social en la entrega del pasado 25 de mayo. La satisfacción con 20 servicios pasó de 56.6 a 53.2 por ciento, lo que rompió una tendencia de mejora que se había detectado de 2019 a 2023. Con todo y su importancia, tampoco esto parece explicar bien la notoria pérdida de confianza general y en las instituciones, y en especial en los gobiernos.

La confianza se aprecia sobre todo en la percepción de que la las instituciones o los actores sociales son creíbles, confiables y honestas. Por eso las que son calificadas con mayor grado de corrupción, son las que registran menos confianza de la sociedad (INEGI, 2026. ENCIG 2025, tabulados predefinidos, tablas 6.1 y 4.5). Y aquí es donde se encuentra una de las claves, que no es la única, por supuesto, pues diferentes señales sobre la corrupción empeoraron los últimos años, como la percepción sobre frecuencia, la incidencia y la prevalencia de la misma, o los costos generales y promedio para las víctimas de la corrupción.

En la gráfica que se puede ver más adelante hay un ejemplo: la tasa de población por 100,000 habitantes que tuvo contacto con alguna persona servidora pública y que experimentó al menos un acto de corrupción. No solo se identificó un aumento muy claro de 2023 a 2025, de un 12 por ciento, sino que la tasa quedó por arriba de 2017. La población había apreciado mejoras en 2021 y 2023, pero estas se revirtieron, perdiéndose lo ganado. Lo que le cuesta la corrupción a la ciudadanía aumentó casi 48 por ciento en ese bienio, y más que se duplicó en los últimos 4 años, lo que sin duda reduce aún más la credibilidad institucional y la certeza de que el problema no solo sigue sino que se agrava.

La corrupción no es el único elemento que hace variar la confianza. De hecho, el principal problema público identificado por la ENCIG es la inseguridad y la delincuencia (la corrupción aparece como el segundo, y la mala atención en centros de salud y hospitales públicos se ubica en el tercero). Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, el promedio de percepción de inseguridad de 2025 fue mayor al del año previo, así que lo más probable es que hayan confluido y retroalimentado varios elementos que afectaron la confianza en general y el ánimo colectivo.

Entre esos elementos puede incluirse el pésimo estado del acceso a la justicia y la impunidad en general. Va otro ejemplo: solo cuatro de cada 100 víctimas de corrupción la denuncia, bien porque no le ve sentido y lo considera inútil y una pérdida de tiempo, o porque ha normalizado la mordida y la extorsión al entrar en contacto con las autoridades y los trámites. La mayor prevalencia de corrupción aparece en los estados y en segundo lugar en los municipios, pero el efecto de percepción que genera afecta a todos los órdenes de gobierno, incluyendo al federal. Que la confianza social se deteriore es una mala noticia, pues tiene un sustrato general que apunta en muchas direcciones de la política y de a acción pública. Lo peor sería no hacerse cargo de que tantas señales apuntan a un desgaste colectivo. La seguridad empieza a mejorar, falta atacar las otras fuentes de la desconfianza, que también generan una débil cohesión social.

Nivel de percepción de confianza de la sociedad en instituciones 2017-2025 (porcentaje) y calificación de confianza para 2025.

Fuente: elaboración propia con datos de la ENCIG 2025. https://www.inegi.org.mx/programas/encig/2025/#tabulados


Tasa de población (por 100,000 hab.) que tuvo contacto con alguna persona servidora pública y experimentó al menos un acto de corrupción. EUM, 2013-2025.

Fuente: elaboración propia con datos de la ENCIG 2025. Nota: El dato se refiere a la prevalencia. https://www.inegi.org.mx/programas/encig/2025/#tabulados

Fuentehttps://www.mexicosocial.org/la-confianza/


Temas principal: Desarrollo, economía y sociedad