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Huracanes y cambio climático

Julia

 

Huracanes y cambio climático

Julia Carabias Lillo  ||  Reforma  ||  10 de julio 2010

La temporada de tormentas tropicales, ciclones y huracanes arrancó con un meteoro que impactó profundamente a los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila: el huracán Alex. El saldo inmediato a su paso ha sido el de ríos desbordados; presas desfogando por haber rebasado su capacidad máxima; poblaciones inundadas y aisladas; miles de personas evacuadas; deslaves; derrumbe de infraestructura; carreteras, caminos y calles destruidas; y víctimas humanas. Las escenas que hemos presenciado en los medios masivos de comunicación son dramáticas. En contraste, para el mediano plazo, el aporte de este meteoro en esta región de escasos recursos hídricos será el incremento en la disponibilidad de agua durante algunos años para el beneficio de la población humana y de los ecosistemas naturales.

Los fenómenos hidrometeorológicos extremos han sido parte del desarrollo de las sociedades humanas pero los acontecimientos de los últimos 50 años sugieren que existe un aumento de la frecuencia e intensidad de estos eventos extremos, los cuales están correlacionados con el cambio climático.

El informe de la Comisión Económica para América Latina y del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente "La sostenibilidad del desarrollo en América Latina y el Caribe: desafíos y oportunidades" (2002) muestra que las compañías aseguradoras reportan que: entre 1988 y 1996 se registraron 15 eventos cuyos costos fueron superiores a mil millones de dólares por evento; que en la década de los noventa se triplicó el número de catástrofes por fenómenos naturales con respecto a la década de los setenta; y que se ha incrementado en nueve veces el monto de las pérdidas económicas. De estos eventos, 90% de las víctimas y 85% de las pérdidas económicas están determinadas por el clima, y 90% se ubican en los países en vías de desarrollo.

Las condiciones geográficas, orográficas, hidrológicas y climáticas de México, atravesado por sierras, rodeado de mares, océanos y golfos y ubicado en una región intertropical, contribuyen a que el país esté expuesto a eventos hidrometeorológicos extremos que pueden convertirse en situaciones de desastre.

El Programa Especial de Cambio Climático de México (PECC 2009-2012) reconoce que nuestro país es uno de los más vulnerables del mundo debido a que 15% de su territorio nacional, 68.2% de su población y 71% de su PIB se encuentran altamente expuestos al riesgo de impactos directos adversos del cambio climático y que, particularmente, cerca de 20 millones de personas habitan en áreas susceptibles al impacto de huracanes.

Entre 1980 y 2000 se registraron en México 3 mil muertes y daños totales por 4 mil 400 millones de dólares; esto debido a eventos hidrometeorológicos extremos, sin considerar los daños a los ecosistemas y la pérdida de capital natural. La Secretaría de Gobernación señala que en los últimos cinco años del siglo pasado las pérdidas registradas por estos eventos fueron cinco veces mayores que las correspondientes al primer quinquenio de los años setenta.

El estudio "La Economía del Cambio Climático en México", coordinado por Luis Miguel Galindo, de la Facultad de Economía de la UNAM, indica que en el año 2005 está registrada la peor temporada de huracanes de la historia reciente de México, y que los costos económicos directos asociados alcanzaron 0.59% del PIB, sin considerar los costos por pérdidas humanas.

El alcance de los impactos y los daños que estos fenómenos provocan en las sociedades y en los individuos está determinado no sólo por la magnitud del evento sino, también, por las capacidades preventivas y de respuesta desarrolladas por el país. Cuanto más preparada esté una sociedad, menor será su vulnerabilidad, su adaptación será mayor y los daños se reducirán.

Los impactos del huracán Alex dejan de manifiesto la urgencia de implementar medidas de adaptación. El PECC establece desarrollar una gestión integral de riesgos con una visión de largo plazo, en función de las nuevas condiciones climáticas, capaz de orientar la evolución espacial de la economía, de los asentamientos humanos y de las demás infraestructuras. Para ello, el gobierno federal se comprometió a reestructurar a fondo los sistemas nacionales de protección civil; ordenamiento de asentamientos humanos; defensa costera para todas las infraestructuras y los sistemas humanos; y planeación del desarrollo que incluya la ordenación del territorio y el ordenamiento ecológico. Para el año 2012 deberán estar listos el Atlas Nacional de Vulnerabilidad ante el Cambio Climático, el Programa de Ordenamiento Ecológico General del Territorio y los Atlas de Riesgos de las 32 entidades federativas.

Esta información será clave para actuar con bases sólidas en la difícil, costosa e impopular tarea de reubicación de poblaciones que viven en zonas de alto riesgo. Las inversiones requeridas serán cuantiosas pero, sin duda, el costo de no actuar a tiempo será muchísimo mayor.

Fuente: Hemeroteca

 

 

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